Palma, una ciudad invadida

El título de este libro no es únicamente un juego de palabras y un gesto de reconocimiento al libro de Màrius Verdaguer «La Ciudad desvanecida», sino también la expresión de un convencimiento.

Palma ha crecido especialmente por la gran influencia que han tenido las sucesivas invasiones de pueblos y grupos a lo largo de su historia y por determinados fenómenos políticos externos a la dinámica propia de la ciudad.

La historia de Palma ha estado marcada por su ubicación estratégica en el Mediterráneo occidental. Esta posición estratégica ha sido un polo de atracción de mucha gente que, venida de fuera, han ido forjando su fisonomía y la sociedad actual.

Después de la romanización de la isla de la que quedan pocos restos, Palma siguió teniendo invasiones de otros pueblos, de las que la conquista por parte del califato de Córdoba en el año 902 y la conquista catalana de 1229 son las que más impacto tendrán sobre la forma y la sociedad que configura la Palma actual.

Fruto de estas invasiones y reconversiones poblacionales, surgen los diferentes recintos amurallados y los grandes edificios emblemáticos de Palma, como la Catedral, el Palacio Episcopal, el Palacio de la Almudaina, la Lonja o el Castillo de Bellver.

A lo largo de su historia también ha habido otros hechos de gran calado que han dejado una fuerte huella en la ciudad. Nos referimos a hechos históricos como la Guerra de Sucesión que dejó a la ciudad fuera de la Corona de Aragón con el Decreto de Nueva Planta en 1714; la Guerra de la Independencia en 1808 y las diferentes desamortizaciones desde 1836.

Ya en el siglo XX, Palma, ha vivido diferentes guerras contemporáneas: las Guerras Coloniales del 98, la Primera Guerra Mundial de 1914, la Guerra Civil en 1936 y la Segunda Guerra Mundial de 1939. Todas ellas tendrán también un gran impacto sobre la ciudadanía, especialmente la Guerra Civil.

Todos estos grandes fenómenos históricos desencadenaron una multitud de cambios urbanos y sociales que han dejado unas marcas en la ciudad que aún perduran. Ya sea como vestigios en los edificios, en la trama urbana, en la memoria de los ciudadanos que se ha ido transmitiendo de generación en generación, como en la memoria integrada en los archivos de las instituciones y en archivos privados.

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