• Josep Mª Pomar Reynés i Magdalena Bennassar
  • oct 2018

El papel pintado en Mallorca, un elemento decorativo olvidado

La historia social de la ciudad se nutre también de muchos detalles ínfimos que pueden pasar desapercibidos cuando sólo se examinan los hechos. La forma como se adaptan las modas en el vestir o en la decoración de los espacios íntimos, son un testigo cultural que traducen el gusto, las aspiraciones, la posición económica y las prioridades de los componentes de una sociedad. También, y más en nuestro caso, cómo se relacionan con lo que pasa en el mundo exterior y en qué medida hay concordancia con las tendencias y movimientos del momento.

El caso del papel pintado como elemento mural, que se generalizó desde mediados del siglo XIX en la decoración de las viviendas medias y altas, aporta también detalles muy ricos sobre la vida social y cotidiana de la ciudad de Palma. Su estudio, olvidado aquí hasta ahora, en contraste con otros lugares, informa también del vigor comercial de la ciudad y del gran esfuerzo importador del extranjero (Francia, Inglaterra, Bélgica, Alemania…) para seguir las modas y los gustos del momento. Una Mallorca nada aislada que sigue los pasos de una Europa que ha hecho del papel pintado el gran elemento decorativo de referencia.

La introducción en Europa del papel pintado, básicamente en Francia e Inglaterra, a finales del siglo XVI imita los papeles que los chinos pintaban en papel de arroz, en una tradición decorativa milenaria que impresionaba a los viajeros europeos. Su rápida popularización impulsa primero la importación y posteriormente la fabricación propia para satisfacer la demanda de un producto, el papel pintado, convertido en un componente presente casi de forma general en la decoración de las casas de las clases altas y medias europeas.

La evolución del papel pintado pasa por la elaboración artesanal, primero en hojas que se tienen que imprimir una a una con planchas de madera impregnadas de pintura, después en papel continuo y finalmente, a partir de 1830, gracias a maquinaria industrial, que permite la mecanización sistemática de papel pintado, la fabricación de miles de rollos diarios que llegan a combinar hasta veinticuatro colores.

En España, la constitución el año 1786 de la Real Fábrica de Papel Pintado en Madrid, por parte de empresarios franceses, permite que el producto se ajuste en precios y en oferta. Pero a pesar de que se abren otras fábricas en la capital y también en Vitoria, Barcelona, Alicante, Málaga, Girona y otras poblaciones, la calidad y la vistosidad de los papeles ingleses, belgas y franceses, hacen que la importación predomine y ponga en dificultades a los fabricantes nacionales, que tienen que implorar el proteccionismo del Estado.

En el siglo XIX, el papel pintado se convierte en el gran protagonista de la decoración de interiores, siguiendo el curso de las modas, revisando estilos, haciéndose presente en las nuevas tendencias artísticas y adaptándose a todas las sensibilidades, a todas las economías y a todos los anhelos sociales. El papel imita, en primer lugar, los materiales que sustituye: tela, cuero, etc.; para adentrarse en el desarrollo de motivos florales propios y en el desarrollo de grandes panorámicas. No es extraño que destacados artistas creativos como Walter Crane y especialmente William Morris dediquen una parte de su genio al diseño de modelos de papel pintado y cenefas, muchos de los cuales se siguen reproduciendo y comercializando hoy en día.

En Mallorca, a mediados del siglo XIX ya hay un comercio muy activo de papel pintado, tanto en Palma como en los pueblos, con una oferta muy extensa. Tres son las fórmulas para llegar al cliente final: los viajeros y representantes, que se instalan en la isla por unos días para vender su producto; los comercios, en un primer momento imprentas y librerías, después “almacenes de papel pintado”; y, finalmente, los mismos pintores, que aconsejan a sus clientes y diseñan las decoraciones completas por sus aposentos. Además, los mismos pintores importan los papeles que colocarán en las casas de la ciudad y de los pueblos, en los teatros, en los centros oficiales o en las iglesias, llenando las paredes con papeles estampados, combinando varios motivos iconográficos y creando a menudo un efecto de “horror vacui.”

A principios del siglo XX, el papel pintado sigue siendo protagonista en las decoraciones murales, con los dibujos y estilos característicos, primero del Art Nouveau y a continuación haciendo el recorrido propio del momento: decó, Bauhaus, racionalismo… hasta el pop y la psicodelia, sin dejar, en ningún momento, la convivencia con las tradiciones clásicas. Hasta su decadencia, en los años 80, se seguían empapelando las salas, los comedores y las habitaciones de las casas.

Precisamente uno de estos pintores-decoradores, Gaietà Pomar Miró (Palma 1828-1894), es el iniciador, en la calle de Vicenç Mut, del comercio de papeles pintados que continuó su sobrino con el nombre de Casa Pomar Flores y que ampliaron posteriormente los hijos y nietos con la incorporación de la pintura y los materiales para las bellas artes. El legado de esta tienda, existente entre 1860 y 2013, del que son parte los cerca de cinco mil rollos de papel depositados en el Museo de Mallorca desde 2003, constituye una de las mayores colecciones de papel pintado del mundo y un tesoro patrimonial que, junto con su documentación comercial, tienen que contribuir a valorar y conocer mejor nuestra historia en los aspectos decorativos, empresariales y sociales.

(*) Título de la conferencia impartida en el Casal Solleric como parte del ciclo dedicado a las artes decorativas. Una vitrina sobre la materia permanecerá expuesta en la sala roja del Casal a lo largo de los meses de Septiembre y Octubre.

 

Imágenes: Papeles y cenefas de la colección Pomar Flores depositados en el Museu de Mallorca (click en la imágenes para ampliar el nivel de detalle).

Si tienes algún comentario o corrección, por favor envíanosla.