• Jaume Garau
  • abr 2018

El centro histórico, nuevo polígono industrial del siglo XXI

Nos recordaba Carlos G. Delgado en el reciente congreso «Smart Island» celebrado en Calvià, que en el siglo XIX muchos ciudadanos abandonaban las ciudades por antihigiénicas, a causa de los problema que provocaban las industrias que en ellas estaban instaladas. El higienismo urbano consiguió despertar la conciencia de las autoridades, las murallas se eliminaron, las ciudades se modernizaron y las industrias se trasladaron fuera de la ciudad, en lugares específicos para que no molestaran. Juana Roca nos explica en su artículo sobre la fábrica téxtil de Can Ribas publicado en Papers del Partal, que esta fábrica fue fundada en 1830 en el centro de Palma, concretamente en el barrio de sa Gerreria, y de allí se desplazó a la Soledat en 1870, cuando ya tenía un tamaño importante con más de 400 trabajadores.

Poco a poco se trasladaron todas las industrias fuera de la ciudad hacia el nuevo ensanche, hasta que en 1967 se creó el polígono industrial de Son Castelló y las industrias se fueron concentrando en él. El ruido, la densidad de circulación de transportes de mercancías, los humos, las molestias de todo tipo y los riesgos para la salud de los habitantes, fueron las razones más importantes para una razonable y costosa decisión. El turismo que se retomó en los años 50, después de la Guerra Civil y la europea, era ya una nueva industria, basada en satisfacer las vacaciones familiares de verano de las clases trabajadoras y medias inglesas, francesas y nórdicas, de los países ganadores de la Segunda Guerra Mundial. Crecieron así los núcleos de del Arenal, Can Pastilla, Santa Ponça, Magaluf, etc.

Mientras la costa de Palma y Mallorca se desarrollaba de la manera que sabemos, nosotros invertíamos en los año 80 mucho esfuerzo y dinero en mejorar las condiciones de vida de nuestros centros históricos. En Palma, los barrios del Puig de Sant Pere y la Calatrava, primero, y Santa Catalina y sa Gerreria después, así como una cantidad enorme de casas antigüas de toda la ciudad, se rehabilitaron e hicieron del centro histórico de Palma una ciudad recuperada, muy atractiva para todos los ciudadanos y visitantes, no solamente para los que vivían allí.

la industria del turismo, buscando nuevas destinaciones y negocios, se dieron cuenta ya en los años 90, de la importancia de los centros antiguos de las ciudades como atractivo turístico. Se trataba de poner en el mercado turístico una actividad que había sido minoritaria y convertirla en mayoritaria: visitar sus monumentos, participar de sus fiestas, pasear por sus calles, sus casas, sus bares, sus comercios antiguos, así como disfrutar de vivir en ella algunos días. De esta manera creció un nuevo productor de la insdutria turística. Una industria que de manera global ha ido desarrollando otras fórmulas como el turismo de cruceros y el turismo de alquiler de pisos, consiguiendo un turismo de corta estancia, no ya de miles de personas que disfrutan tranquilamente de una ciudad mediterránea, si no de millones que la devoran.

A causa del enorme volumen de personas que pasan cada año por la ciudad antigua, se transforman los comercios, bares y restaurantes, para dar servicio a estos nuevos visitantes, sus gustos y demandas, subiendo los alquileres de locales y desplazando el comercio tradicional. Muchos pisos y casas se dedican al alquiler vacacional, suben de valor y se venden a precios exorbitantes, mayoritariamente a extranjeros de mayor poder adquisitivo, desplazando a los residentes tradicionales. Las grandes marcas multinacionales y sus franquicias locales se apoderan de los mejores lugares comerciales. Las terrazas de los bares dirigidos a ellos ocupan todas las plazas y lugares importantes de la ciudad: el Born, la plaza de «las tortugas», la plaza de Cort, la de Santa Eulàlia, la plaza d’en Coll, la plaza Major, etc.

La concentración de actividades turísticas hacen crecer las actividades complementarias en forma de ferias, fiestas, concursos, carreras, etc., que se suman a las tradicionales como las de Sant Sebastià, carnaval, Fira del Llibre, Semana Santa, San Juan, etc., aumentando sin duda la actividad de ocio del centro y llegando en muchas ocasiones a situaciones de saturación. Todo el mundo quiere estar en el centro y los que viven en el centro desean irse a otro sitio. Como les pagan muy bien sus cas, vienen y se van.

Una intensidad como esta de monocultivo turístico, sólo compensada por el uso administrativo que aún perdura, hace que toda la vida tradicional de la ciudad, por la que comenzó a ser un atractivo turístico, vaya desapareciendo. El centro histórico de la ciudad, donde han vivido muchas generaciones de mallorquines, ya no es un lugar normal para vivir, si no que se ha convertido en un polígono industrial de turismo urbano. Un negocio de que todavía participan los mallorquines pero cada vez menos. Un fenómeno que observamos atónitos y que de momento parece que no tiene alternativa.

Artículo publicado en Diario de Mallorca (29/03/2018): http://www.diariodemallorca.es/opinion/2018/03/29/centre-historic-nou-poligon-industrial/1299874.html

Si tienes algún comentario o corrección, por favor envíanosla.