Un hombre frente a la ventana

15 maig, 2020

En 2013, se estrenó la película Only lovers left alive, de Jim Jarmusch. En la distancia, dos de sus protagonistas, Eve y Adam, hablan desde Tánger y Detroit, en un confinamiento que supera la barrera del tiempo. Hablan y hablan también en silencio. Entre otros, este diálogo  que no es más que una descripción del amor.

Eve: Cuéntame ahora acerca del entrelazamiento. La acción fantasmal a distancia de Einstein. ¿Se relaciona con la teoría cuántica? 

Adam: No es una teoría, ha sido comprobado.

Eve: ¿De qué se trataba?
Adam: Cuando separas una partícula entrelazada, y alejas ambas partes, una de la otra, inclusive en lados opuestos del Universo, si alteras o afectas una, la otra será afectada o alterada de manera idéntica.

Eve: Fantasmagórico. ¿Hasta en extremos opuestos del Universo?
Adam: Sí.

El 22 de abril de 2020 escribí una pequeña gran historia de amor que es la suma de tantas otras.

Ilustración de Toni Salvà.

El 9 de abril un grupo de amigos recibimos vía WhatApp el mejor regalo de Jueves Santo que podríamos haber imaginado: la interpretación de la Meditación de Thais de Jules Massenet, a cargo del flautista Josep Francesc Palou que regalaba a los vecinos de su calle Arxiduc. El nombre de esta calle que recuerda al erudito enamorado de las Baleares y del Mediterráneo en general nos nombra a un pequeño gran grupo de amigos. Porque de la amistad nacimos y nos unen nuestro amor por la música y la literatura.

Nos llamamos Sopar Arxiduc 2ª part. 

Lo primero que pensé cuando vi y escuché el vídeo es qué inmenso es el hilo que teje el amor, cómo ese hombre frente a la ventana regala en cada acorde, en cada nota, esperanza en tiempos asfisxiantes. Me fijé en sus zapatillas de andar por casa, en la luz, me imaginé a Mònica Nigorra filmándolo con admiración contenida, seguro que murmurando para sus adentros las notas de la bellísima melodía. Mònica tiene una voz maravillosa. De ahí surgió la historia del Sopar Arxiduc que ahora os contaré en unas líneas.

Cuando el escritor Avelino Hernández falleció, su mujer Teresa Ordina, Javier Vellé, Pedro Andreu y yo pensamos que había que compartir las letras póstumas, muchas de ellas en forma de poema. Nació la editorial Casa Abierta con la publicación del poemario El septiembre de nuestros jardines. Para la presentación del libro en el Centre Cultural Contemporani Pelaires (gracias Pep Pinya) Teresa invitó a Mònica a cantar. Lo hizo a capella y entre poemas y sus cantos se meció la Casa. Después llegó la novela Mientras cenan con nosotros los amigos, en este caso editada por los amigos de Candaya. Se presentó en Son Marroig y ahí yo invité a Pep Xisco Palou para que nos acompañara junto a Mònica y otros músicos. Bastó verles un momento para percibir cómo se estaba fraguando una historia de amor entre el flautista y la cantante. Así fue. Con risas nos nombrarían a Teresa y a mí sus madrinas. En calidad de tal, de forma simbólica, fuimos a su boda, unos años atrás. Antes de eso, se gestaron Els Sopars Arxiduc donde también toman asiento Apolonia Alou, amiga de infancia y ex alumna de Pep Xisco, su marido Pere Morell y mi pareja. Mi discreción le hurta el nombre en red.

Hoy tejo esta historia de regalo a regalo, del que cada día el flautista ofrece a sus vecinos, tanto para los que dan a la calle Arxiduc como a los de la parte de atrás de su vivienda, esos 20 minutos de música que dan paso a los aplausos de las 20 horas. Avelino sonríe desde un balcón sin distancia porque la música y la letra hacen buena pareja como el flautista y la cantante. 

El pasado lunes 11 de mayo el flautista dejó de tocar, el regreso al oximorón que llaman nueva normalidad le ha callado. El ruido de los coches vuelve a ser la banda sonora de Palma. Este domingo va a dar su último concierto de balcón para unos vecinos que durante el encierro han bailado adagios, suites, valses, mazurkas como partículas enamoradas.

“Nada es tan verdadero como la vida y el amor de los hombres”, se escucha en la ópera Thais de Jules Massenet. Eve desde Tánger le susurra a Adam, su partícula entrelazada en Detroit.