«En el centre de Palma es dóna un efecte “centrifugador”»: Jaume Garau, president de Palma XXI

16 maig, 2019

Louisa Wolf-Gorny, estudiant de l’Universitat de Desenvolupament Sostenible de la ciutat d’Eberswalde, a Alemanya, entrevista a Jaume Garau, president de Palma XXI, com a part de la seva investigació “La percepció turística dels habitants de Palma”. Compartim transcripció completa de l’entrevista, on s’aborden temes com l’evolució històrica de la ciutat, els efectes de la turistització sobre Palma, el fenomen de la gentrificació al centre històric i es fan algunes propostes per transformar el model de desenvolupament de la ciutat.

Entrevista con Jaume Garau, presidente de Palma XXI

Per: Louisa Wolf-Gorny. Universidad de desarrollo sostenible Eberswalde, Alemanya

Wolf-Gorny: Vi por ejemplo en vuestra página web que trabajáis investigando cómo se ha desarrollado la ciudad, como será en el futuro…

Garau: La idea que tenemos nosotros es que la ciudad no se olvide de su historia. Esto es muy importante. Porque las sociedades modernas van a una velocidad tan grande y se preocupan tanto del presente y del futuro, pero no demasiado lejos, que del pasado se van olvidando. Entonces la ciudad va perdiendo esta narración histórica. Antes era fundamental, antes las personas de Palma. Cuando yo era pequeño siempre te contaban cosas tus padres, tus tíos o las personas mayores de la ciudad. Te contaban “aquí había esto, aquí había pasado otro”, pero esta transmisión oral de la historia de la ciudad se está perdiendo. Por eso en Palma XXI tenemos interés en recuperar la historia de la ciudad. Por eso hacemos una biografía de la ciudad. También tenemos mucho interés en observar qué esta ocurriendo ahora en muchos campos. Sobre todo en dos: el cambio de la población de población y comercios en los barrios y el problema del turismo vinculado al acceso a la vivienda. Todo el proceso de la gentrificación. Al mismo tiempo queremos un futuro para la ciudad, para las personas de aquí o las personas de afuera que viven en la ciudad. Para nosotros una persona que quiere la ciudad para nosotros ya es ciudadano. Es igual si es inglés, alemán, francés, turco o japonés, si quiere la ciudad y colabora y está bien en la ciudad, para nosotros ya es un ciudadano. Queremos influir en el futuro desarrollo. Para eso hacemos toda esta serie de actividades, de proyectos, etc. Nos ocupamos un poco del pasado, del presente y del futuro.

Wolf-Gorny: En el presente, ¿cómo percibes la situación actual en Palma?

Garau: Hay dos grandes polos sentimentales, emocionales e incluso filosóficos que se enfrentan hoy en la ciudad. Unos dicen “no queremos turistas porque los turistas crean muchos problemas en la ciudad” y otros que dicen “We love tourism, a nosotros nos gusta mucho el turismo, que vengan más turistas”.

Wolf-Gorny: O “vivimos del turismo”. Esto he escuchado bastante.

Garau: Como cualquier cosa en la vida, como cualquier lugar, como cualquier instalación, equipamiento, teatro, playa, etc., es justo que haya una capacidad de carga razonable para la ciudad. Incluso hay algunos sitios donde está perfectamente fijado, cincuenta personas y no caben más. Nosotros no queremos ser tan detallados pero si queremos estar en esta línea. Queremos estudiar la capacidad de carga, ahora estamos estudiando la de Palma, estamos estudiando la de Valldemossa, pero cualquier día podríamos estudiar cualquier sitio porque no estamos solo nosotros, estamos construyendo una metodología para poder evaluar la capacidad de carga de una ciudad más o menos pequeña como Palma, y en función de esto, entonces hacer propuestas. Pensamos que tenemos un exceso de carga turística en la ciudad entonces proponemos una reducción de la capacidad de carga en verano. En invierno no porque todavía hay capacidad, se puede explotar, en cambio en verano hay un exceso. Y hay un exceso sobre todo de un tipo de turistas que vienen unas pocas horas. Y este turista bien informado sobre otras posibilidades y lugares de visitar y estar, podría perfectamente encontrar una excursión de un día tan interesante o más que el centro histórico de la ciudad.

Wolf-Gorny: ¿Entonces dirías que en verano la capacidad máxima se ha superado?

Garau: Sí, yo creo que sí. Entre las personas que viven, trabajan y visitan como turistas el centro histórico de la ciudad (no toda Palma) llegamos a 90 mil personas. 90 mil personas para un centro histórico que tiene prácticamente un kilómetro cuadrado es mucho, es mucha densidad.

Wolf-Gorny: ¿Qué problemáticas ves con la situación turística actual? Hablamos antes de la gentrificación, ¿no?

Garau: El exceso de intensidad turística genera una intensidad inmobiliaria. En el centro histórico tenemos cinco veces más compraventas que la media española. En cinco años había 3.500 compraventas y eso es debido a la masa de gente que nos visita cada día, que al cabo del año son entre siete y ocho millones de personas. Mucho negocio que dirige a estas masas. Y estos negocios hacen que otros desaparezcan y hace que las viviendas al lado de estos negocios suban de precio y por esta subida de precio se desaloja a las personas que tienen poca renta, sobre todo jóvenes. Nos encontramos con un problema “centrifugador”: a medida que aumenta esta masa turística, aumenta el número de negocio enfocado en los turistas y aumenta la gentrificación. La presencia de personas jóvenes, personas mayores y familias disminuye en el centro. Hoy en Palma el cincuenta por ciento de los que viven en Palma viven solos, vive solo una persona. Todo esto va poco a poco quitando la cohesión social de la sociedad. Y esta disminución de la cohesión social ha sido también muy buena para el negocio turístico. Entonces una cosa empuja a la otra y se va configurando un sistema de económico y social que se dirige hacia la totalidad de la ciudad, para que se dedique al turismo. Cuando ocurre esto, como en Venecia, casi toda la gente que vive en el centro se dedica al turismo. Y ya es irreversible. No puedes cambiarlo porque todo el mundo vive del turismo. El resultado es de que la ciudad que se construyó durante doscientos años, para ser una ciudad liberal como todas las ciudades europeas, desaparece. Entonces ya no encuentras una ciudad. Encuentras muy pocos establecimientos, muy pocas personas que hayan nacido aquí. Tienes una especie de parque temático.

Wolf-Gorny: Las características propias de la ciudad, lo que la hace única, también desaparecen. Hablamos antes de los dos bloques: hay algunas personas con una percepción muy positiva en cuanto al turismo y otras con una mirada más negativa. ¿Qué visión prevalece?

Garau: El problema que tenemos aquí es que no existe una alternativa clara a estos dos bloques. La gente se va polarizando. Entre todos tenemos que construir un relato que sea primero, amigable con los turistas, y segundo, conservacionista para también los turistas. Lo que la mayoría de los turistas quiere encontrar cuando viene es una ciudad viva, no solo unas horas,  y éste es el problema con en este tipo de negocio turístico. El negocio turístico de horas para mí no es turismo, para mí es otra cosa.

Wolf-Gorny: Te refieres a los cruceros.

Garau: Los cruceros que vienen solo cuatro, cinco horas van de prisa y corriendo, todos uno tras del otro para comprar un helado, se van allí no tienen posibilidad de ver la ciudad. ¿Qué van a ver en cuatro, cinco horas si es una ciudad muy compleja, muy bonita si tienes tiempo para verla? Y después también hay mucha gente que viene en autobús o en coche, que vienen de otros sitios de Mallorca, porque hace mal tiempo o porque tienen unos siete días y uno tienen que ir a la ciudad. Se acumulan miles de personas que vienen de diferentes sitios sin un plan. Las ciudades mediterráneas son para pasear tranquilos, para hoy ver una cosa, mañana otra. Aquí hay un modelo del estilo “parque temático”. No vas a ir una semana a Disney, vas a ir un día. Pues lo mismo a Palma, vas un día. En estas ciudades, de las ya hay muchas en todo Europa, los centros históricos se están convirtiendo en esto, en centros como parques temáticos en los que sueltan a todo el mundo un día y se van.

Wolf-Gorny: En mi investigación hay quien me ha contado que incluso la infraestructura cada vez se ajusta más a las necesidades de los turistas y menos a las de los habitantes. Por ejemplo, las tiendas cambian, hay más heladerías y menos negocios para comprar pan, cosas así. Para al final no tener un parque temático total en el centro, ¿qué dirías es importante cambiar o qué se debe tener en cuenta en cuanto al desarrollo?

Garau: Nosotros proponemos múltiples iniciativas, porque con una sola propuesta no se puede hacer, y que deben tener un consenso bastante amplio. Una primera fundamental es que las personas que podrían vivir en el centro puedan hacerlo. Hace cien años vivían 40.000 personas en el centro de Palma, hace treinta años vivían 30.000. Hoy viven 25.000 personas. Mucha gente se ha ido por muchas razones. Porque le compran la casa por el doble de lo que quería, porque sus amigos se han ido, porque sus hijos no quieren vivir en el centro, porque ya no reconocen el centro porque todos son turistas y todas son tiendas para turistas, etc. Hay muchas razones, pero se ido la gente. En los últimos tres años han venido 2000 personas de afuera y se han ido 2000 personas del centro. Así que hay un proceso bastante intenso. Queremos hacer un programa para ayudar a personas a volver a vivir en el centro. Este programa consiste en ayudas para alquileres, para tener un aparcamiento y escuelas, porque nos interesa que venga gente jóvenes con hijos. Esta sería una fórmula. Otra fórmula es mejorar el espacio público para los residentes. En estos momentos hay demasiado espacio que ocupan las terrazas. Hay muy pocas plazas en el centro histórico, las plazas son pequeñas. Son actuaciones directas, que tendrían un impacto en los próximos cuatro, cinco años. Pero además hay que desarrollar unos proyectos más a largo plazo que consisten en dar a conocer mejor la ciudad. Para que la gente de afuera se quede cuatro, cinco días, para eso hay que hacer programas más profundos de la historia local, de conocimiento de la vida, conocimiento del mundo económico, etc.

Wolf-Gorny: Es decir, más un turismo cultural.

Garau: Sí, un turismo cultural, pero bien hecho y de calidad. Hecho por profesionales, tanto extranjeros como locales que hagan vivir la ciudad de una manera diferente. Y otro proyecto a mucho más largo plazo, pero que se debería empezar ya para que tuviera un efecto dentro de diez años: diversificar el turismo del centro y el turismo cultural hacía otros puntos de la ciudad que puedan tener también un interés relevante. Por ejemplo, en la zona de Ponent, donde está el Terreno, está el Castillo de Bellver, el Palacio Real, etc. Con estos cuatro puntos tu podrías hacer un circuito cultural que enseña la ciudad desde otros puntos de vistas, desde otras épocas históricas, diferentes estilos arquitectónicos, etc. Con lo cual haces que la gente ya no tenga porque estar al lado de la Catedral y al lado del Cort y la plaza Major. Esta idea podría favorecer que las empresas turísticas desarrollaran nuevos productos turísticos que no fueran en el centro.

Wolf-Gorny: ¿Y también disminuir en el número de turistas?

Garau: Sí, claro. Nosotros calculamos que un día alto en Julio vienen unas 37 mil personas: pensamos que esta cifra se debe reducir a la mitad. No de golpe, no hay que prohibir “ahora usted no puede venir“, no, poco a poco, pero sobre todo la reducción tiene que venir del número de excursionistas de un día. Estos excursionistas de un día generan una cantidad de gasto brutal.

Wolf-Gorny: Además, no está controlado, ¿no? Por ejemplo no se controla cuántos cruceros al día.

Garau: Exacto, esto es otro problema que hay que solucionar también con el puerto. Hay que establecer un número determinado como lo ha hecho Dubrovnic, esto lo es que están haciendo todas las ciudades inteligentes. Porque si no, crece el malestar. El número de plazas hoteleras ya se ha limitado a 4.200, si reducimos el número de cruceristas y aumentamos el número de residentes habrá una ciudad viva. Porque es verdad que los comerciantes no pueden perder mañana todos los clientes turistas, pero si traemos residentes, un residente es como 375 cruceristas. Porque todo el año está aquí. Entonces sí traemos residentes creo que puede equilibrar el negocio.

Wolf-Gorny: ¿Y como, qué propondría para limitar en número de gente de un día? ‚Que se podrá hacer? ¿Como poner un límite de cruceros?

Garau: Nosotros proponemos que el número máximo de cruceristas sea de 4000 al día, Dubrovnic a ha dicho 5000 hace muy poco y ya llegado a un acuerdo con los armadores. Otra medida, que no haya tantos autobuses que vayan dirigidas al centro sino que vayan a otros sitios. Como ves, todas estas medidas se tienen que conjugar en un plan estratégico que desarrolle la sostenibilidad de Palma para las futuras generaciones, porque si no …

Wolf-Gorny: Y por ejemplo, tienen planeado un tranvía, ¿no? Que va desde el aeropuerto al centro.

Garau: Sí, hay varios planes de movilidad bastante complejos y a largo plazo. A nosotros la idea del tranvía nos parece bien, pero nos parece mucho mejor el tranvía como Ringstraße de Viena. Porque dar la vuelta a la Ringstraße y la gente va subiendo y bajando. La Viena antigua tiene unas dimensiones parecidas a las de Palma, esto es fantástico porque haces que la gente no tenga que entrar con el coche a la ciudad. Se podría hacer también con buses eléctricos que dan vuelta por la ciudad y tienen un carril propio, no se bloquean por el tráfico y son muy ágiles, silenciosos y limpios.

Nosotros queremos sentar a todos los que queremos la ciudad y queremos mejorarla, incluso los operadores turísticos, y diseñar poco a poco un proyecto de ciudad que sea sostenible ambientalmente.

Yo no me imagino ningún alemán o francés viviendo en un barrio donde acudan de repente treinta mil residentes al día. Si miras la historia de Europa y ves como las ciudades europeas han crecido: no vamos a hacer que todos los centros históricos europeos donde está el patrimonio de generaciones se convierten en un punto turístico.

Leí una entrevista con una profesora de Harvard, especialista internacional en turismo, que decía que siempre queda la alternativa de hacer una réplica de una ciudad, como Venecia, una réplica exactamente igual, pero a 10, 20 o 100 kilómetros de Venecia. Vas con el turismo de masas a esta réplica y dejas la ciudad original para la gente que quiere estar varios días. Y ella decía que eso sería un negocio. No sé, a mí me parece un poco ciencia ficción pero, se están haciendo cosas de estas. Réplicas de ciudades, hay varias réplicas de Venecia en China y no sé en donde más. Ahora, la ciudad verdadera de siempre, hay que protegerla. Yo pongo un ejemplo siempre, ¿tú conoces las cuevas de Altamira? Se protegió porque allí hay unos dibujos prehistóricos. En el año 75 pasaban 200.000 personas al año, ahora van cinco personas cada semana, solo 5 personas. Construyeron una cueva exactamente igual, si tú estás allí es como si estuvieras en la verdadera. Y a la falsa, a la cueva B, va mucha gente. Pero en la verdadera solo 5 la semana. A lo mejor esto es la solución.

Wolf-Gorny: Sí, pero si tienes digamos un doble de la ciudad, al final si no hay habitantes viviendo allí también. Hay algo que falta, ¿no? Porque esto es algo que interesa al turista, conocer a los locales, estar en contacto.

Garau: Sí, claro, el turismo siempre ha sido muy interesante por eso. Pero es verdad que se ha ido lo local, ya ha desaparecido mucho porque lo global está penetrando. Todo está muy mezclado ya, estamos viendo que las grandes ciudades son multiculturales, multiétnicas.

Wolf-Gorny: Si, aunque cada ciudad tiene su propia esencia, y que eso no se pierda.

Garau: Exacto.